lunes, 17 de agosto de 2015

LA LEYENDA DE MAPIRIPAN

indiecita Mapiripana

LA LEYENDA DE LA INDIA MAPIRIPANA

El escritor José Eustasio Rivera  nos habla en su libro "LA VORAGINE" sobre esta leyenda. Se trata pues de una mujer de la selva perteneciente a la tribu de los maipureños: joven, bella y fuerte: sacerdotisa de los silencios y protectora de los manantiales y las lagunas. Se trata pues de una deidad que castiga a aquellos que se aprovechan de la naturaleza.

El escritor fue impactado fuertemente por esta leyenda y ya en sus descripciones sobre la selva imponente, encontramos la alusión a esta especie de deidad que castiga al que se introduce en sus territorios, empujado por la sed de la codicia.


jueves, 6 de agosto de 2015

LA VORÁGINE: LA GRAN NOVELA


“¡Oh, selva, esposa del silencio, madre de la soledad y la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? Los pabellones de tus ramajes, como inmensa bóveda, siempre están sobre mi cabeza, entre mi aspiración y el cielo claro, que sólo entreveo cuando tus copas estremecidas mueven tu oleaje, a la hora de tus crepúsculos angustiosos. (…) ¡Tú me robaste el ensueño del horizonte y sólo tienes para mis ojos la monotonía de tu cenit, por donde pasa el plácido albor, que jamás alumbra las hojarascas de tus senos húmedos!

Tú eres la catedral de la pesadumbre, donde dioses desconocidos hablan a media voz, en el idioma de los murmullos, prometiendo longevidad a los árboles imponentes, contemporáneos del paraíso, que ya eran decanos cuando las primeras tribus aparecieron y esperan impasibles el hundimiento de los siglos venturos. (…) Tú tienes la adustez de la fuerza cósmica y encarnas un misterio de la creación. No obstante, mi espíritu se aviene sólo con lo inestable, desde que soporta el peso de tu perpetuidad, y, más que a la encina de fornido gajo, aprendió a amar a la orquídea lánguida, porque es efímera como el hombre y marchitable como su ilusión.

¡Déjame huir, oh, selva, de tus enfermizas penumbras, formadas con el hálito de los seres que agonizaron en el abandono de tu majestad! ¡Tú misma pareces un cementerio enorme donde te pudres y resucitas! ¡Quiero volver a las regiones donde el secreto no aterra a nadie, donde es imposible la esclavitud, donde la vista no tiene obstáculo y se encumbra el espíritu en la luz libre! (…) ¡Déjame tomar a la tierra de donde vine para desandar esa ruta de lágrimas y sangre que recorrí en nefando día, cuando tras la huella de una mujer me arrastré por montes y desiertos, en busca de la Venganza, diosa implacable que sólo sonríe tras las tumbas!”



LA VORÁGINE


Estudiantes de octavo los saludo cariñosamente, animándolos a realizar este tremendo viaje por la geografía colombiana, que es la lectura de la vorágine. Además, como pueden apreciar en los anteriores textos, la presencia de la poesía está garantizada.



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Los llanos: paraíso o entrada al infierno

Los llanos orientales causaron fascinación a Rivera. Allí viajó por primera vez en 1916. De esta incursión inicial dejó como testimonio una carta en la que describía con emoción la exuberancia del paisaje y la fauna. El tenor era muy similar al de Arturo Cova cuando hacía conmovedora descripción del amanecer en la primera parte de La vorágine. En esos momentos, el llano era una visión del paraíso en la tierra, y tanto Rivera como Cova podían decir “Hasta tuve deseos de confinarme para siempre en esas llanuras fascinadoras”.
Pero para ambos la ensoñación dura poco. En aquella misma carta nos enteramos de que Rivera vio cómo un amigo suyo moría ahogado, “probablemente paralizado por el temblador, que es un pez eléctrico que inmoviliza cuando toca”. El llano se torna así en el preámbulo de la catástrofe, en la misma puerta del Infierno de la que Dante decía que quien la franqueaba “perdía toda esperanza”. Eso justamente le sucedió a Cova, luego de que el llano le mostrara su inclemencia con la muerte de Millán, y la misma sensación de terror y angustia le invadiera cuando describió el cortejo fúnebre. De allí sólo hay un paso a que Fidel Franco queme su casa –creando así una verdadera muralla de fuego– y que con ello Arturo se despida del llano exclamando: “¡En medio de las llamas empecé a reír como Satanás!”.










lunes, 3 de agosto de 2015

LAUDATO SÍ: UN TEXTO PARA REFLEXIONAR EN TORNO AL PLANETA


LAUDATO SI

Queridos estudiantes de noveno, aquí les presento el excelente texto del Papa Francisco en relación con la actual situación del planeta. Haremos talleres y lo asociaremos con un texto argumentativo que corresponda a lenguaje.



1.-  Editorial de "El país" 29 junio-15
‘Alabado sea’
El papa Francisco ha puesto el dedo en una nueva llaga, la del cambio climático. El pontífice ha hablado claro y fuerte a través de la encíclica Laudato si (Alabado sea), para señalar la importancia de un asunto que compete hoy más que nunca a toda humanidad, sin distingos de raza y credo, pero también para decir que la Iglesia Católica está dispuesta a hacerse escuchar en aquella mesa en la que las grandes potencias deciden buena parte de la vida del Planeta.
Las consideraciones ecologistas de un hombre al que muchos prefieren seguir llamando Bergoglio tocan a todos los sectores de la población, pero si alguien se tiene que sentir aludido es el club de los llamados países ricos, responsables mayores de los contaminantes que envenenan a la Tierra y, además, principales opositores en los foros internacionales a que sus industrias sean puestas en cintura por parte de una humanidad agobiada y doliente, también en el tema medioambiental.
En ese sentido, Francisco ha entrado de lleno en el debate para proclamar que el calentamiento global es una realidad y no un invento de fanáticos, como señalan sectores enraizados en las economías más fuertes, dispuestos a no ceder. El hecho de que el Papa vea en el horizonte menos agua potable, con todos sus efectos en la agricultura y la supervivencia de especies amenazadas, más los riesgos que conlleva el crecimiento de nivel de los mares para la vida de millones de personas, demuestra que el asunto va más allá de un simple pronunciamiento del Vaticano.
También son de fondo sus consideraciones sobre que detrás del cambio climático está, antes que el deterioro del planeta, el “consumismo inmoral”, que en términos de medio ambiente se palpa en las tecnologías depredadoras utilizadas para extraer petróleo, carbón y gas. El papa clama por energías alternativas.
Francisco sabe que sus palabras no se las llevará el viento y que, a la par del respaldo que en los diversos ámbitos ha tenido la Laudato sí, vendrán a contracorriente los reparos a lo que algunos consideran como una extralimitación de funciones. Basta como ejemplo la respuesta inmediata del precandidato republicano Jeb Bush: en materia económica, la Presidencia de los Estados Unidos no está obligada a seguir ni a papas ni a obispos.
Eso demuestra que el efecto político inmediato de las encíclicas es una realidad. Otra cosa es que sus consecuencias sean mensurables términos electorales, solo para citar la coyuntura actual en los Estados Unidos. Pronto lo dirán las cifras.
Lo que sí es cierto es que el mensaje de Francisco se convertirá, aparte de instrumento de reflexión, en pieza recurrente en el marco de las relaciones Norte - Sur, a las que denomina como “estructuralmente perversas” a favor del mundo industrializado y en “deuda ecológica” con los más pobres. Pero el radio de acción de la Laudato si promete ir más allá, hasta el seno de las naciones desarrolladas pero atrapadas en una crisis en la que, como piensa Bergoglio, la economía terminó mandando sobre la política, con todas sus consecuencias.

2.-  Texto completo de la Encíclica "Alabado Sea"

CARTA ENCÍCLICA
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN


1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»[1].
2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.
Nada de este mundo nos resulta indiferente
3. Hace más de cincuenta años, cuando el mundo estaba vacilando al filo de una crisis nuclear, el santo Papa Juan XXIII escribió una encíclica en la cual no se conformaba con rechazar una guerra, sino que quiso transmitir una propuesta de paz. Dirigió su mensaje Pacem in terris a todo el «mundo católico », pero agregaba «y a todos los hombres de buena voluntad ». Ahora, frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En mi exhortación Evangelii gaudium, escribí a los miembros de la Iglesia en orden a movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente. En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.
4. Ocho años después de Pacem in terris, en 1971, el beato Papa Pablo VI se refirió a la problemática ecológica, presentándola como una crisis, que es « una consecuencia dramática » de la actividad descontrolada del ser humano: « Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el ser humano] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación »[2].También habló a la FAO sobre la posibilidad de una «catástrofe ecológica bajo el efecto de la explosión de la civilización industrial», subrayando la «urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad», porque «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre»[3].
5. San Juan Pablo II se ocupó de este tema con un interés cada vez mayor. En su primera encíclica, advirtió que el ser humano parece «no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato y consumo»[4]. Sucesivamente llamó a una conversión ecológica global[5]. Pero al mismo tiempo hizo notar que se pone poco empeño para «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana»[6]. La destrucción del ambiente humano es algo muy serio, porque Dios no sólo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación. Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en «los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[7].El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado»[8]. Por lo tanto, la capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios[9].
6. Mi predecesor Benedicto XVI renovó la invitación a «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente»[10]. Recordó que el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque «el libro de la naturaleza es uno e indivisible», e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, «la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana »[11]. El Papa Benedicto nos propuso reconocer que el ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que «el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza»[12]. Con paternal preocupación, nos invitó a tomar conciencia de que la creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra y el consumo es sólo para nosotros mismos. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos»[13].
Unidos por una misma preocupación
7. Estos aportes de los Papas recogen la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales que enriquecieron el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones. Pero no podemos ignorar que, también fuera de la Iglesia Católica, otras Iglesias y Comunidades cristianas –como también otras religiones– han desarrollado una amplia preocupación y una valiosa reflexión sobre estos temas que nos preocupan a todos. Para poner sólo un ejemplo destacable, quiero recoger brevemente parte del aporte del querido Patriarca Ecuménico Bartolomé, con el que compartimos la esperanza de la comunión eclesial plena.
8. El Patriarca Bartolomé se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el planeta, porque, «en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación»[14]. Sobre este punto él se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados»[15]. Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios»[16].
9. Al mismo tiempo, Bartolomé llamó la atención sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no sólo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos sólo los síntomas. Nos propuso pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que «significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios. Es liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia»[17]. Los cristianos, además, estamos llamados a « aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global. Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta »[18].
San Francisco de Asís
10. No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
11. Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón»[19]. Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas»[20]. Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.
12. Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza[21]. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.
Mi llamado
13. El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos.
14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios»[22]. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.
15. Espero que esta Carta encíclica, que se agrega al Magisterio social de la Iglesia, nos ayude a reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta. En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana, a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente. Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea. A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana.
16. Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos.

viernes, 31 de julio de 2015

BORGES PARA LOS NOVENOS

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JORGE LUIS BORGES

Este periodo nos  sumergiremos en la asombrosa literatura de Jorge Luis Borges, uno de los mejores escritores mundiales. Con él aprenderemos algo sobre el sentido del laberinto, las ideas sobre el ser, la muerte, el tiempo y  algunos de los conceptos que han  preocupado a los hombres desde tiempos inmemoriales. Espero que podamos merecer la reflexión que habita en sus páginas. A modo de preámbulo publico un a poesía sobre el ajedrez:

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En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que en un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
Cuando los jugadores ya se han ido,
cuando el tempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
En el oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?




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FRANCISCO DE ASÍS

La vida de Francisco ha recobrado una vigencia importante en momentos en que la humanidad necesita de una vigorosa respuesta, frente al estado del planeta. Pocos hombres, como Francisco de Asís, han planteado la necesidad de armonía no sólo entre los hombres, también con los animales y la naturaleza. A continuación recogemos algo de la biografía del santo.

    
Francisco Asís, nació en Italia en el año 1182 y fallece el 3 de octubre de 1226. Fundador de la orden franciscana. Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardote. Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad.

En 1202 fue encarcelado por unos meses a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Luego de este hecho y aquejado por una enfermedad e insatisfecho con el tipo de vida que llevaba, decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres. En 1206 renunció públicamente a los bienes de su padre y vivió a partir de entonces como un ermitaño.

San Francisco de Asís predicó la pobreza como un valor y propuso un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. El papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, la de los franciscanos. Además, con la colaboración de santa Clara, fundó la rama femenina de su orden, que recibió el nombre de Clarisas.

San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo), según testimonio de él mismo.

San Francisco de Asís fue canonizado dos años después
Francisco demostró un gran amor y respeto por toda la de su muerte, el 15 de julio de 1226, y sus sucesores lo admiraron tanto por su modelo de austeridad como por su sensibilidad poética.

San creación. Por su devoción a los animales fue nombrado como “Patrón de los veterinarios y de los ecologistas”.

martes, 28 de julio de 2015

LA NOVELA POLICIACA

LA NOVELA POLICIACA


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Uno de los subgéneros de la novela más apasionantes, es la novela policiaca. La novela policiaca moderna, también llamada detectivesca o policial, pertenece al género narrativo y nació en el siglo XIX. Mediante la observación, el análisis y la deducción se intenta resolver un enigma, normalmente un crimen, para encontrar al autor y su móvil.

En la novela policíaca el detective nunca fracasa, por tanto, siempre obtendremos al final las respuestas a los interrogantes sembrados en sus páginas. Nunca hablan de crímenes perfectos. El lector suele identificarse con el investigador y vive en primera persona las pesquisas que reconstruyen el crimen hasta dar con el asesino.

El relato policial es netamente urbano y nació a la vez que los cuerpos de seguridad en las ciudades europeas y norteamericanas a comienzos del siglo XIX. Se considera a Edgar Allan Poe, el padre de la novela policiaca, que inició en 1841 con su relato “Los crímenes de la calle Morgue”. A este siguieron “El misterio de Marie Rogêt” (1842), “La carta robada” (1843) y “El escarabajo de oro” (1844). A Poe debemos el primer detective literario, Auguste Dupin, que sirvió de inspiración al reconocido Sherlock Holmes. El éxito fue arrollador desde el principio y sus cuentos se vendieron bastante.



EVOLUCION DE LA NOVELA POLICIACA:
  1. En sus comienzos, el interés se centraba en el argumento, en tanto que la trama se aclaraba mediante el método deductivo. Así se cultivó hasta 1930.
  2. Más tarde, el centro de interés varió hacia la explicación psicológica de los hechos y en el comportamiento de los personajes.
  3. Desde hace algunas décadas, el estilo es mucho más realista y violento. Los crímenes tienen razones concretas; la trama mezcla intriga, espionaje, violencia e incluso sexo, y las innovaciones científicas están al día.
ESTRUCTURA DE LA NOVELA POLICIACA:

Aparte de la estructura característica de introducción, conflicto y desenlace, en  este tipo de novela pueden reconocerse los siguientes momentos:
  1. Planteamiento de un caso: Al principio resultará indescifrable y complejo. Sin embargo, utilizando la lógica y el intelecto podrá desentrañarse. En muchos aspectos es similar a una partida de ajedrez.
  2. El detective o investigador: suele ser una persona culta, observadora, muy inteligente y, en ocasiones, amante de la ciencia, es quien comienza la investigación.
  3. En toda investigación se sigue el método científico: observación, análisis, deducción.
  4. La investigación debe tener un resultado doble: a) quién es el culpable del crimen, y b) cómo lo hizo, siendo esto lo que verdaderamente da sentido a la trama.
  5. La solución: la da el detective en las últimas páginas del relato.
Otros escritores de novela policiaca:

  • G.K. Chesterton: escritor inglés (1874-1936), creador del Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua, pero de espléndida agudeza mental, que fue el investigador protagonista de más de 50 historias policiacas reunidas en 5 volúmenes entre 1911 y 1935: La inocencia del Padre BrownLa sabiduría del Padre BrownLa incredulidad del Padre BrownEl secreto del Padre Brown y El escándalo del Padre Brown

  • Agatha Christie: escritora y dramaturga británica (1890-1976), la más conocida del género sin lugar a dudas con más de dos mil millones de libros vendidos en todo el mundo y traducida a cuarenta y cinco lenguas. Tremendamente prolífica, escribió más de 100 títulos, muchos de ellos llevados al cine, como Asesinato en el Orient Express o Diez Negritos. Sus personajes más conocidos son Hércules Poirot y la anciana investigadora Miss Marple.

lunes, 27 de julio de 2015

BIENVENIDA


QUIXOTE

Siempre, los más grandes sueños exigen de nosotros actitudes quijotescas. Bienvenidos a este Blog de lenguaje, que busca facilitar herramientas para aproximarse a aquellas ínsulas prometidas a Sancho, aquí convertiremos los caminos del lenguaje en puentes que  faciliten el acercamiento a la realidad de cada ser.


Sueña Alonso Quijano

El hombre se despierta de un incierto
sueño de alfanjes y de campo llano.
Y se toca la barba con la mano
y se pregunta si está herido o muerto.

¿No lo perseguirán los hechiceros
que han jurado su mal bajo la luna?
Nada. Apenas el frío. Apenas una
dolencia de sus años postrimeros.

El hidalgo fue un sueño de Cervantes
y don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo

está pasando que pasó mucho antes.
Quijano duerme y sueña. Una batalla:
los mares de Lepanto y la metralla.